viernes, 30 de marzo de 2012

Una palabra

"Una palabra no dice nada, y al mismo tiempo lo esconde todo"
Carlos Varela.
Todos esperaban atentos. La multitud expectante se desesperaba y aún los ancianos no ocupaban su lugar frente a la aldea. Decenas de inquisidores arreaban a las masas concentradas, como perros disponiéndolas para el pastor. Llegan todos, llegan pulcros, llegan estirados, con caras estiradas, con miradas censuradoras, rígidas. Quedan frente a todos ocupados en sus notas y examinando a cada uno de los aldeanos citados en el cónclave.
Ya el guión está en curso, cada personaje comienza a jugar su papel. Ancianos y súbditos continúan armoniosamente la danza. Inesperadamente alguien rompe el equilibrio del salón con una palabra inadvertida, todos se escandalizan, los aldeanos no entienden lo que sucede, les gusta esa palabra, pero los aldeanos airados intentan callar al desatinado que habla y habla y habla verdades, verdades, verdades. Habla sin miedo, deja libre palabras liberadas, veraces, limpias, altas.
La presión del silencio es insoportable, al final el guión nuevamente impone su curso, más allá del cónclave todos comparten en silencio aquella palabra imprudente.

lunes, 13 de febrero de 2012

LAS PALABRAS

MARIO BENEDETTI

No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

si usted habla de progreso
nada más que por hablar
mire que todos sabemos
que adelante no es atrás

si está contra la violencia
pero nos apunta bien
si la violencia va y vuelve
no se me queje después

si usted pide garantías
sólo para su corral
mire que el pueblo conoce
lo que hay que garantizar

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

si habla de paz pero tiene
costumbre de torturar
mire que hay para ese vicio
una cura radical

si escribe reforma agraria
pero sólo en el papel
mire que si el pueblo avanza
la tierra viene con él

si está entregando el país
y habla de soberanía
quién va a dudar que usted es
soberana porquería

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro

no me ensucie las palabras
no les quite su sabor
y límpiese bien la boca
si dice revolución.

domingo, 5 de febrero de 2012

¡Un accidente en la esquina!

- ¡Un accidente en la esquina! - La voz de corre como pólvora, un grito de terror ensordece a los transeúntes, la jovencita se desmaya, los más cercanos al lugar corren, se tapan los ojos para no ver los resultados de la colisión, las cuatro bocacalles se llenan de personas y casi pareciera que improvisadamente surgió una manifestación popular. La señora que compraba en el puesto del agro suelta la jaba de guayabas, un muchacho chismoso en su sprint las aplasta con su cuerpo que cae en la acera, enrojecido entre la pulpa de guayaba y la llovizna que aún cae sobre las calles. algunos acuden a ayudar, la inmensa mayoría solo a ser testigos presenciales de todo lo que vendrá después. Autos que llegan para socorrer a los accidentados y llevarlos urgente hacia el hospital, policía, que aunque ya tarde, acude a esclarecer los hechos y poner orden en las cuatro esquinas. Automáticamente el eco recorre la ciudad, se distorsiona de cuadra en cuadra.
- Fue un TUR con un motor.
- No, fue un bicicletero que se fue contra el cristal de la Villa, porque la policía venía detrás de él.
- Eso fue ayer, dicen que el motor se metió por la senda de adentro.
- Ay mija, fíjate cómo fue que el charco de sangre todavía está ahí.
- No, eso no era sangre, era aceite que soltó el TUR.
- Dicen que está muy mal en el hospital.
- No, si dice que no le pasó nada a nadie.
“Que si era fulano, que si era mengano, que si fue así o fue asao”, la bola comienza a rodar desde el mismo instante en el que ocurre el impacto. Mientras unos rinden cuentas por lo ocurrido y otros aún son atendidos por sus heridas, en el pueblo comienzan a tomar cuerpo algunas versiones del hecho.
- Yo sé que fue así porque mi hermano estaba presente.
- Dice la mujer que vive al lado de mi casa que fue exactamente así.
- Te digo yo que no, que fue de otra forma, mi esposa es enfermera en el hospital y me llamó por teléfono para contarme.
- La mía si es la oficial, mi sobrino es policía y me lo contó.
Salgo de mi casa, sólo han transcurrido dos horas del suceso y ya nadie sabe a ciencia cierta cómo fue lo ocurrido. La bola sigue su curso, tal vez mañana el cuento sea otro. Lo único en lo que puedo dar fe es que, ocurrió un accidente en la esquina.

domingo, 30 de octubre de 2011

EL PERIÓDICO

Enrique Núñez Rodríguez

Antonio Castells era el autor de Chicharito y Sopeira, programa radial de altísima audiencia. Como yo trabajaba en una compañía de seguros en la que también trabajaba su hijo Oscar, de cuando en cuando le enviaba colaboraciones que el viejo Castells incluía en sus libretos. Fue a él a quien pidieron del periódico Siempre para que redactara una sección humorística con ilustraciones del caricaturista Felo. Castells, cansado y enfermo, dijo que no estaba en condiciones de asumir esa nueva responsabilidad, pero que podía recomendarles un humorista joven capaz de hacer ese trabajo. Así fue como entré en el mundo del periodismo. El periódico respondía a los intereses del entonces presidente Grau San Martín. Contaba con veteranos periodistas, como Jesús Masdeu, al que llamábamos el decano por su edad y experiencia. El negro Máximo Herrera y el reportero Albuquerque cubrían la crónica roja. Floro era el fotógrafo. Y nuestro ilustre director era Vidal Morales, hijo del historiador del mismo nombre, pero sin el talento de su padre. Famoso por su distracción, salía del periódico, iba hacia su carro, estacionado en la puerta del rotativo, y una vez acomodado en su asiento le ordenaba al fiel chofer gallego:
-Para el periódico.
Sin inmutarse, ni contradecirlo, el viejo peninsular arrancaba el motor, le daba lentamente la vuelta a la manzana y, deteniéndose en el mismo lugar del que había salido minutos antes, le anunciaba a su solitario pasajero:
-Llegamos al periódico, doctor.
Y Vidalito volvía a subir.
A pocos días de ingresar en la nómina de su periódico, nos visitó la jefa de publicidad de la presidencia. Como yo escribía una sección en versos que ilustraba el caricaturista Felo, nuestro ilustre director se acercó a mi mesa de trabajo y presentándome a la doctora Nena Coll como el que hacía "versitos", me sugirió: " Por qué no le sacas un versito a Nena". No podría decir quién se ruborizó más, si la jefa de publicidad del presidente Grau San Martín, o yo. Sólo recuerdo que atiné a contestarle:
-Perdón, doctor, pero me parece que usted me ha confundido con Clavelito -el director se limitó a decirle a Nena:
-¿No te dije que era muy simpático?
Y se marchó tan tranquilo como vino.

EL PROFE

Enrique Núñez Rodríguez | La Habana

Lo conocí ya viejo. Tranquilo, como el mismo me decía con la mirada perdida en el ayer y una especie de sonrisa burlona bailándole en los labios. Lo primero que me llamó la atención fue su vestuario, francamente fuera de época y de lugar, en aquel pueblecito dormido a la orilla de un río que casi no lo era. Él me explicó:
—Este pueblo es el pueblo de los casi. Aquí los arroyos son casi ríos. Las lomas son casi lomas. Los comerciantes son casi ricos. Orinadas de bueyes y chichones en la corteza terrestre. Este es un casi pueblo.
Y se reía, mientras observaba su gastado traje gris a rayas negras. Alguna vez debió ser casi un Petronio. Y la remendada camisa Arrow, con cuello Peco, que ocultaba su vejez bajo una deshilachada corbata Repórter Sello de Oro, color carmelita, en combinación con sus zapatos Florsheim. Zapatos agujereados por la vida y sellados directamente con una prótesis removible, como el mismo había bautizado a la pieza de cartón que colocaba sobre la rota plantilla para evitar la humedad y la bronquitis asmática.
—Un hueco en la suela de los zapatos es una medalla ganada en el combate de andar por la vida.
Y, sin embargo, lucía casi elegante.
No sé por qué me decidí, aquel día, a preguntarle la razón por la cual le llamaban El profe. Suponía que tuviera que ver con su forma de vestir, académica y conservadora. Pero la historia no iba a ser fácil de conseguir. Evitó iniciarla:
—No ande por ahí periodista. Deje eso. ¡Tranquilo!
Naturalmente, su respuesta incentivó mi curiosidad. E insistí. Le dije que a los pueblecitos como aquel, que no habían sido favorecidos con la naturaleza con algún accidente geográfico notable, solían darse a conocer por la grandeza de sus hijos. Que no tenía ninguna gracia escribir la historia de un nativo de las cataratas del Niágara o del Monte Everest. Que él, sin embargo, estaba obligado a aportar a la humanidad su propia historia para suplir la falta de generosidad de la naturaleza con el terruño en que le había tocado nacer.
Entonces habló:
—Nadie escapa de las leyes de la naturaleza. No conozco ningún enano nacido en la cima de Los Ángeles. Como hombre, soy también un producto de este pueblo de los casi. Fui casi un profesor y casi un héroe. No llegué a casi ninguna de las dos cosas.
Y me contó porque le empezaron a llamar El profe. Apenas había estudiado un curso de inglés por el método de Leonardo Sorzano Jorrín, durante una
larga ausencia de su pueblo. Al regreso, y sabiendo que en la Academia municipal hacía falta un maestro de inglés, le hizo creer al alcade que había pasado tres largos años en Harvard, estudiando el idioma de Shakespeare. Eso le valió el nombramiento de profesor de inglés con un salario mensual de $ 15. 00 (era casi un sueldo, me explica).
Todo iba bien, ya que nadie en el pueblo hablaba inglés, y a sus alumnos les bastaba con las clases que giraban en torno a la familia Blake, que El profe conocía de memoria:
—Tom is a boy. Mary is a girl.
Cuando la Segunda Guerra Mundial, en la que Cuba se vio involucrada, apareció en el pueblo una pareja de jóvenes extranjeros que dijeron ser turistas. La alarma guerrerista y el sensacionalismo en torno al espía alemán Lunning, fusilado en La Habana, habían penetrado al sargento de la guardia rural. Mandó a detener al matrimonio y conducidos al cuartel fueron sujetos a un fuerte interrogatorio. Pero había una dificultad: no hablaban español.
Ahí fue donde entró a jugar El profe. Requerida su presencia por el sargento de la guardia rural, acudió al cuartel. La autoridad militar le pidió que los interrogara en inglés y le hizo saber que sospechaba de ellos como agentes enemigos. El profe procedió al interrogatorio. Con gesto de fiscal de películas norteamericanas se paseaba por el despacho del sargento y, de pronto, se detenía, preguntándole airado a la asustada pareja:
—¿Tom is a boy, eh? ¿ Mary is a girl, no?
Lanzaba una carcajada sarcástica para volver a la carga:
—¿Is Mary in the classroom? ¿ Is Tom in the classroom too?
Y dando puñetazos sobre la mesa del sargento, gritaba:
—Go to the blackboard.
Señalaba a la pareja con el índice y chillaba airado:
—Tom and Mary are children.
La infeliz pareja temblaba ante la actitud de aquel interrogador, al que debieron suponer demente. Y no fue extraño que, temiendo lo peor, se confesaran culpables, por señas, del delito de espionaje a favor de una potencia enemiga. Poco después aparecía el abogado del administrador de un ingenio yanqui cercano y reclamaba, airado, la inmediata libertad de aquel matrimonio, invitado por el administrador del ingenio a disfrutar de las fiestas pascuales en su casona del ingenio azucarero.
El profe me mira y comenta con cierta nostalgia remota:
—¿Se imagina usted, periodista, si hubieran sido espías nazis de verdad, que clase de triunfo para mí? Pero bueno, no lo eran y tuve que conformarme con que fuera casi un triunfo.
Levanto la copa e invito a brindar a El profe:
—A tu salud, Profe.
Él alza la copa y me contesta alegremente:
—Tom is a boy, periodista.
Y bebe su trago.b

lunes, 20 de junio de 2011

El loco le teme a las palabras.

Mi aldea amaneció como de costumbre, sin grandes alteraciones, dócil, intensa, llena de gente intensa, pero tranquila. Solo puede percibirse cerca de las cuatro esquinas un pequeño alboroto fuera de lo planificado. Parece que los cuerpos rígidos que asisten a los ancianos no saben nada aún. Solo me tomo 10 minutos para llegar junto a los aldeanos que hacen círculo alrededor de un hombre tembloroso, que se encuentra sentado en el borde del camino, nadie se le acerca y él no es capaz de mirar a nadie, cada uno de los músculos de su cuerpo parecen trepidar. No entiendo qué generó tanto alboroto entre los habitantes de esta parte de la aldea. Al sentarme a su lado me tomo unos minutos para decir una palabra y esto parece que lo tranquiliza un poco. Al ver su tranquilidad los espectadores continuaron su rutina diaria y dejaron esta pequeña alteración de su orden lógico y perpetuo.
ALDEANO: ¿Qué sucede?
LOCO: (SILENCIO)
El hombre comienza nuevamente a temblar. Baja la cabeza y se tapa los oídos con tanta fuerza, como si quisiera dañarlos.
ALDEANO: ¿Qué sucede?
Todo se queda en silencio, pero de pronto el hombre se levanta y grita despavorido, intento levantarme pero no me da tiempo a reaccionar. Demoro unos minutos para hacer una nueva pregunta. Espero que se calme.
ALDEANO: ¿Qué sucede aldeano?
LOCO: (GRITA IRRITADO) Yo no soy un aldeano.( COMIENZA NUEVAMENTE A TEMBLAR)
ALDEANO: ¿Cómo que no?... Aquí todos somos aldeanos
LOCO: (CONTINÚA GRITANDO) Yo no soy de este planeta.
ALDEANO: ¡Estás loco!
LOCO: (GRITA Y ME DA UN SÚBITO GOLPE EN LA ESPALDA) Aléjate, cierra tu estúpida boca.
ALDEANO: Pero…(AHORA TEMBLOROSO YO) ¿Por qué te empeñas en pasar por loco?
LOCO: (GRITANDO Y LLORANDO EN SÚPLICA) Nadie entiende lo que digo, yo no entiendo nada de lo que dicen.
ALDEANO: ¿ A qué le temes, yo te puedo ayudar?
LOCO: (CONTINÚA LLORANDO) Nadie me puede ayudar, todos hablan demasiado.
ALDEANO: Tranquilízate, vamos a sentarnos nuevamente, dime qué te sucede.
LOCO: (CALMADO, PERO SOLLOZANTE) Le tengo miedo a las palabras.
En mi rosto no se puede ocultar el asombro, la incertidumbre. He vivido toda la vida rodeado de palabras, todos los que me acompañan han vivido rodeados de palabras, usan las palabras para todo, sin ellas tendríamos un nuevo Babel.
ALDEANO: Eso es imposible aldeano, las palabras son vitales.
LOCO: (GRUÑE) ¡No me llames aldeano!
ALDEANO: Disculpa, ser del mundo exterior.
LOCO: Las palabras lo único que han hecho toda mi vida es manipularme.
ALDEANO: ¿Cómo?... Las palabras comunican.
LOCO: Por eso les tengo tanto miedo, las mentes humanas están podridas y las palabras son las encargadas de mostrar ese pantano.
ALDEANO: ¿Acaso ahora las palabras entre tú y yo están podridas?
LOCO: Las mías solo denotan miedo, las tuyas intentan manipularme. He vivido toda mi vida huyendo de las palabras. Las palabras son las que nos dicen qué sucede en la otra parte del mundo, pero no nos muestran verdaderamente la otra parte del mundo. Las palabras son las que nos dicen qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo, pero no nos dicen realmente por qué debemos hacerlo, si es porque lo necesitamos o porque lo necesita quien lanza las palabras. Las palabras son el poder de los que mandan, ellas organizan a quienes obedecen.
ALDEANO: Es que en toda oración siempre hay manipulación.
LOCO: (GRITA) ¡Aléjate de mí, cierra tu estúpida boca!
ALDEANO: (EN VOZ ALTA) No puedo entender por qué le temes tanto a las palabras.
LOCO: Las palabras se han convertido en la esencia de este mundo, ya las acciones no cuentan, quién tenga las mejores palabras se lleva el crédito, quien domine mejor las palabras tiene el poder, quien sea capaz de conjugar las palabras exactas será quien decida qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo y lo más importante, por qué hacerlo. Ya nadie mira a quien hace, hace y hace, callado, callado y callado, ese es un pusilánime, un don nadie, un tonto que hace lo que los demás dicen
ALDEANO: Pero gracias a las palabras estamos unidos.
LOCO: (SE RIE) Valiente unidad. Unidad que depende solo de las palabras y no de lo que se siente, de lo que se es, de lo que se vale. La gente de hoy sólo se une alrededor de las palabras, esas son el dios moderno, de ellas se valen los ancianos, se valen los oficiosos de las aldeas vecinas, se valen los parladores, los oficiales y hasta los leguleyos. Las palabras se usan indiscriminadamente para destruir, para desunir, para conquistar, para coaccionar, para delatar, para humillar, para agredir, para adulterar, falsear, viciar, deformar, para… (ME MIRA IRACUNDO) para interrogar.
ALDEANO: No, no pienses eso, solo intenso encontrar respuestas.
LOCO: Mira a tu alrededor entonces, pon atención a las palabras que son dichas por todos, por los unos y por los otros, por los de aquí, por los de allá y por los de acullá. Todas disfrazan los verdaderos intereses de los parlantes. Las palabras, creo que son hasta sádicas.
ALDEANO: ¿Sádicas?
LOCO: La manipulación universal es tan irritante que no puedo definirlas de otra forma, a la gente le gusta escuchar las palabras y ser manipulados por ellas. Escucha esto que escribieron en el habitual de la aldea vecina: “Ya no hay negros. No. Se acabaron. Ahora hay afroamericanos. Tampoco hay indios, hay nativos americanos. Ni enanos, sino gente pequeña.” ¡Bah! Puros malabarismos verbales inventados para enmendar los daños que causaron varios siglos de usar con desprecio esas palabras. "Ya no existen los paralíticos, los inválidos, minusválidos o ciegos. No. Ahora son “personas con capacidades diferentes”.¡Personas con capacidades diferentes! Eso es miedo a las palabras o que las palabras precisas están vetadas.
ALDEANO: Pero, ¿cómo vas a tenerle miedo a las palabras? Ellas están y nadie puede evitarlas, aprende también tú a utilizarlas.
LOCO: (AGOTADO) No puedo… Me es imposible. Nunca me acostumbraré a realizar malabarismos verbales para tratar de tapar el sol con un dedo. No soportaré nunca estar dos horas sentado en un lugar queriendo arreglar la aldea solo con palabras. Le tengo miedo a las palabras. ¡Todos tenemos que tener algún miedo en la vida!
ALDEANO: Entonces tú eres un aldeano parlafóbico (LA RISA NO SE PUEDE CONTENER)
LOCO: (MOLESTO) No soy un aldeano, soy de otro planeta.
ALDEANO: (SIN PODER CONTENER LA RISA AÚN) Disculpa, disculpa…
LOCO: Todos le tenemos miedo a algo. Hay quien le tiene miedo a la verdad, otros a la mentira, otros a las amenazas, otros a las burlas, otros a las órdenes, otros a las promesas, otros a las preguntas, otros a las respuestas… Existe gente que le tiene miedo hasta a los discursos y los círculos, en ellos hay toda clase de palabras y toda clase de intensiones.
ALDEANO: Entonces, ser inteligente de una galaxia extraña, no creo que entonces podamos entendernos con palabras. Yo le tengo miedo al silencio, me hace sentirme solo, angustiado, olvidado. Todos tenemos que tenerle miedo a algo.
LOCO: (SILENCIO)
Creo que estuvimos sentados en el borde del camino una o dos horas más. Ya es el momento de irme, creo que de tanto silencio he comenzado a temblar y tal vez cuando vaya al centro del camino nuevamente comience a tenerle un poco de miedo también a las palabras.

viernes, 27 de mayo de 2011

EL VIGILANTE.

Todos los días lo veía al pasar. Era temprano, estaba pulcro, vestía siempre todos sus atuendos. El aldeano nunca le dirigió la palabra, lo evitó, nunca permitió que sus caminos coincidieran. Pero su ritual era invariable, siempre estaba ahí, al paso del aldeano. Muchos otros eran consultados por él, nunca estaba solo. Recopilaba, desde su rígida posición, toda la información posible. Pasaba horas y horas en el mismo lugar. Nunca se le vio participar de las labores de la aldea, pero podía considerarse un privilegiado a la sombra de los ancianos. Muchas preguntas se hacía el aldeano sobre este mítico vigilante, todas tenían respuestas absurdas. El hombre seguía en el mismo lugar, recopilando toda la información necesaria.